martes, 30 de noviembre de 2010

Antes de comenzar esta historia, quisiera darle un tributo a aquel que hizo realidad la vida de toda una generación que está y sigue precedida de muchos años. Tengo el privilegio de ver a mi abuelo sentado junto a mi pintando en el asfalto, una foto en una hoja de periódico y saber que los periodistas van siempre a retratar al único habitante que llego a esa calle desde los 8 años y ahora con 90 años de edad sigue ahí y seguirá hasta que el Todo Poderoso lo decida.
En su rostro veo el renacer de la vida, veo la forma en que uno regresa a la niñez después de haber atravesado cualquier clase de situaciones y veo la base de toda una fortaleza.
Historias que la misma memoria que las guardó las borra de manera singular, pero que solo quedaran dentro de aquel que las vivió.

La mente comienza a ser débil desde el momento en que pasan los años, pero hay cosas que son la herida que queda, es como la marca que les colocan a los caballos o a los bueyes para saber si son buenos o malos, por eso uno las recuerda. Veo a lo lejos a mi madre, no la alcance a conocer, me la imagino en mi cabeza, como una estrella que iluminó mi vida, no se si se parece a mi, su brillo no deja ver sus facciones, lastimosamente a ella no la conocí, murió cuando era un niño, tampoco la recuerdo solo sé que la quiero mucho, después de todo ella me tiene aquí. Mi papá era un gran hombre, tampoco me acuerdo muy bien de el, ni de mi hermana ni de mi hermano, ni siquiera se si es verdad que ellos son mi familia, solo se que cuando tenía 80 años de edad, vino una señora a visitarme y a decirme que era sangre de mi sangre, pero después nombraré esa experiencia.
Vivíamos en el campo, mi papá tenía uno de los más grandes terrenos que había en Jongobito, era un importante agricultor o “como lo llamen ahora”; conocía gente importante, pero era muy amigo de tres señoras que todos llamaban como “Las niñas” quienes vivían en la finca que estaba junto a la de nosotros.
Ellas comerciaban nuestras verduras y las sacaban al mercado ya que pertenecían a la ciudad.
Más o menos a los 8 años de edad, si es que la razón y los recuerdos no me fallan, mi padre me llevo a la finca de esas señoras, que por ese entonces estaban de visita. Nos sentamos en la sala, no tenía ganas ni de sentarme, esa casa parecía un museo lleno de cosas lujosas. Ellas le dieron una bolsa con unas monedas y mi padre me dejo allí. Nunca más lo volví a ver y… (La escuela)…salí con lo que en esa época se necesitaba, leer y escribir. Me subieron a un carro y me llevaron a la ciudad. 
La casa era bastante grande, parecía la misma finca. Primero me sentaron en el salón de visitas, me dieron la bienvenida diciéndome que ese sería mi nuevo hogar, me dijeron sus nombres que hasta entonces los conocí: Mercedes, la menor; Alicia, la segunda y Tulia la mayor, luego me dieron el oficio de asear la casa. No me trataban como empleado más bien como parte de su familia. Me sentaba junto a ellas en la cena, lo cual era un privilegio que no lo tenía cualquiera, muchas veces “La niña Tulia” se sentaba junto a mi antes de dormir y me contaba una historia o tenía el gusto de sentarme con ellas a tomar el té.
Cuando ya estaba un poco más grande, más o menos tenía 15 años, me mandaron a la finca a trabajar como peón. Muchos empleados me ayudaron y me enseñaron a hacer diferentes cosas, pero mi primera pregunta fue la “tontera” más grande del mundo, en donde quedé como un bobo delante de todos. Mi pregunta fue: ¿Por qué a ellas les dicen niñas? En ese momento no entendí las risas, ahora me doy cuenta de la razón de estas y me rio también. Uno de los trabajadores me contesto que a ellas les decían así porque era una forma de respeto a aquellas mujeres que no estaban casadas y no habían tenido ninguna relación sentimental ni de ninguna forma con ningún hombre. En fin, mi tarea principal era el mismo trabajo que tenía mi padre como agricultor. Trabajaba todos los días excepto el domingo, donde teníamos libertad de salir al pueblo a dar un paseo y los sábados en la noche donde íbamos a cantinas cercanas y si teníamos suerte, íbamos a celebrar las fiestas patronales o alguna otra fiesta que se hacía en la plaza del lugar.
Mercedes, o como la llamábamos todos “La niña Miche”, era la que más visitaba la finca y se acercaba siempre a mí a preguntarme de cómo estaba mi vida, de igual forma ella me mandaba saludos de parte de sus hermanas. El terreno de al lado lo habían comprado ellas, es decir el de mi papá, nunca pedí ni tampoco tuve información de él por parte de ellas, pienso que creían que no me acordaba de las cosas porque era muy pequeño. Luego llevaron a una señorita llamada Carmela a trabajar en la cocina y a servirnos los alimentos a nosotros. Se hizo muy amiga mía y salíamos juntos y con otros peones.
Un día en una fiesta patronal conocí a una joven llamada Judith, ella vivía cerca y siempre nos encontrábamos los fines de semana cuando los dos teníamos tiempo de salir a dar una vuelta. Me fui enamorando poco a poco de ella y me gustaba su forma de ser. No era recatada, no ocultaba nada de sí misma. Nos sentábamos en una mesa en la cantina, nos servían aguardiente, ella tomaba la misma cantidad que yo, cuando terminábamos iba a dejarla a su casa y su padre salía con su correa a perseguirme. Y así fue como termine queriéndola tal y como es, era de las que pensaban que los hombres y las mujeres podían hacer las mismas cosas, donde le resultaba fácil ponerse a tomar junto a mi y tomar y tomar a la par, ella y yo, muchas veces también tubo que ir a dejarme ella a la finca, porque yo terminaba sin poder caminar.
Ella se salió de su casa cuando tenía más o menos 17 años y vino a vivir conmigo a la finca, pedimos el premiso de “Las Niñas”, y ellas le dieron trabajo allí. Luego de unos años me enteré de que estaba en embarazo y por lo tanto tuve que avisarle a “La niña Miche” para que ya no siguiera trabajando más como agricultora sino que tuviera un oficio más fácil para su condición, así que le dio la tarea de ayudar en la cocina. Tuvimos nuestro primer hijo cuando ella tenía 22 años y yo tenía 27.
Luego, por razones de salud de “La Niña Tulia”, fuimos a trabajar a la ciudad en la casa. Judith se encargaba de servirla y ayudarla porque estaba muy enferma. Ella quería mucho a nuestro hijo por lo tanto decidimos nombrarla su madrina, además su salud empeoraba cada ves más y ese era su más grande sueño. Tulia murió por lo tanto la casa y las propiedades quedaban a cargo de la hermana que seguía según el testamento. Nosotros seguíamos trabajando en la casa, de igual manera ellas ayudaban con los gastos del niño porque lo querían mucho. Luego de cuatro años tuvimos nuestro segundo hijo quien era tratado de la misma forma por ellas, y me colaboraban mucho con sus gastos, además me brindaban lo más prodigioso que era la vivienda y el trabajo. “La niña Alicia” comenzó a colocarse un poco enferma y luego de un tiempo murió dejando todo a nombre de “La niña Miche”.
Judith y yo tuvimos 6 hijos, nos casamos después de tener al primero, cuando tenía 80 años una mujer fue a mi casa a decirme que era mi hermana, no supe si era verdad o mentira, me mostró una foto de mi cuando era niño junto a ella y a otro niño en el terreno de mi padre. Nunca volvió a venir a la casa.
“La niña Miche” murió, en su testamento dejó la casa dividida en tres partes, una era para mi y mi familia, la otra para Carmela la cocinera y la otra para una vieja amiga de ellas, además de varias cosas que por escrito me había regalado. Carmela trató de adueñarse de la casa haciendo desaparecer el testamento. Gracias a Dios no pudo hacer lo que quería.
Aún vivo en esa casa y he tenido la oportunidad de ver ir y venir personas. Soy el único habitante que ha permanecido allí de todos los que han vivido en esa calle. Mi casa es una de las más antiguas de La Calle del Colorado en Santiago, una de las que no han destruido, tampoco está remodelada, está tal cuál la dejaron “Las Niñas”. Tengo el privilegio de ver a mis hijos con sus respectivas familias, de tener bisnietos y que estén pendientes de mí, de ver como llegan nuevas criaturas a formar parte de mi descendencia, ya que es una costumbre que uno de los primeros en ver las nuevas personas que nacen sea yo. Vivo junto a mi esposa Judith que ha permanecido a mi lado después de todo y así será hasta que me llegue la hora de partir.
FIDEL MONTANCHEZ

viernes, 19 de noviembre de 2010

LA SOMBRA



Tenía 15 años cuando las cosas comenzaron a tornarse mal en mi vida, al menos eso pensaba dentro de mi cabeza.
Caminaba desde mi colegio hasta mi casa, después de una jornada exhausta de teorías acerca de las Guerras Mundiales y conocimientos de valores que no muchas personas tienen, pero que nosotros debíamos tener obviamente, por eso pertenecíamos a un colegio católico; las razones por las que debemos amarnos unos a otros; santos que habían existido y que por alguna razón hicieron cosas buenas y por eso no se destruyeron como barro dentro de un ataúd como todos los demás lo vamos a hacer.
Casi a cuadra y media de mi casa ya acabando el día, los pasos se hicieron más fuertes, la caminata más rápida, la sombra más tenue y todo mi alrededor en contra de mi propio ser. En mi tonto pensar me asegure de que todo fuese mentira y que la historia al parecer se trataría de un secuestro hollywoodense, un rescate aéreo con toda mi familia esperándome y un súper agente al mando de este.

Casi con mis ojos entrecerrados acabando el día con la esperanza de descansar y volver otra vez a la monotonía contemporánea lleno de conocimiento impuesto, en el único lugar donde su prestación no es muy notoria y no te cobran la entrada, mi habitación. Disponiéndome a llevar mi mente al más allá, cerrando mis ojos divise a mi balón favorito de basquetbol moviéndose de un lado al otro, luego comenzó a ir de arriba abajo sin tocar el suelo, era extremadamente extraordinario el miedo que sientes antes de morir. Esto sucedió en las primeras noches de mi larga angustia.

Otra noche, para algunos otro final, para mi otro nuevo comienzo. Dormía plácidamente sintiendo sin más alguien que me observaba, sin pensarlo dos veces abrí mis ojos. Un niño yacía en el lado inferior de mi cama, todo mi cuerpo temblaba, temía morir y no despedirme, temía dejar mi futuro atrás, temía al presente. El ambiente se torno obscuro, la habitación parecía más bien una tumba, la soledad se fundía en mi como un fluido en mi sangre, mis manos sudaban, mi cuerpo temblaba, mi espíritu salía de mi cuerpo. Ese pequeño ser que se encontraba acompañándome todas las noches y que al fin pude verlo era pálido, parecía tener frío, pero esto no le quitaba la ternura que un niño puede tener en su edad sin más saberlo que no es la belleza que tenemos impuesta en la sociedad, es una belleza rara pero que en este sentido no deja de serlo. Cinco noches fueron y el venía a su visita, no sin más movimientos, pero la última la hizo de una manera diferente. Susurros en mis oídos, voces de pequeños riendo y jugueteando, un sonido ligero que se acercó a mi pidiendo ayuda. ¿Pero como yo iba a ayudarlo?, no soy sino la apariencia a quien se le tornaría difícil ser más, negándome a toda posibilidad de acercarme a él y brindarle mi mano. Apareciendo más cerca de mis ojos con su pequeña mano toco mis pies, sentí el frio de la muerte. Después de largas horas y noches de miedo no resistí mas su presencia, dormí en la habitación acompañada de mi madre, todos sabemos que ellas son una gran protección y que en nuestro tonto pensar decimos que a su lado no nos harán daño, será tal vez porque tiene menos pecados que nosotros, lógicamente ella no creía las cosas que le contaba, igual, hasta yo pensaba que estaba loca. Una sombra rodeo mi ventana, ingresando en la habitación era imposible no verla, mi madre despertó apurada, las cosas se cayeron, el vidrio se rompió. Era como una despedida que me separaba de él, no sin antes dejarme en claro que le dolía el corazón porque no encontró la ayuda que buscaba.


Tenía 15 años cuando las cosas comenzaron a tornarse mal en mi vida, al menos eso pensaba dentro de mi cabeza.
 
Caminaba desde mi colegio hasta mi casa, después de una jornada exhausta de teorías acerca de las Guerras Mundiales y conocimientos de valores que no muchas personas tienen, pero que nosotros debíamos tener obviamente, por eso pertenecíamos a un colegio católico; las razones por las que debemos amarnos unos a otros; santos que habían existido y que por alguna razón hicieron cosas buenas y por eso no se destruyeron como barro dentro de un ataúd como todos los demás lo vamos a hacer.
Casi a cuadra y media de mi casa ya acabando el día, los pasos se hicieron más fuertes, la caminata más rápida, la sombra más tenue y todo mi alrededor en contra de mi propio ser. En mi tonto pensar me asegure de que todo fuese mentira y que la historia al parecer se trataría de un secuestro hollywoodense, un rescate aéreo con toda mi familia esperándome y un súper agente al mando de este.

Casi con mis ojos entrecerrados acabando el día con la esperanza de descansar y volver otra vez a la monotonía contemporánea lleno de conocimiento impuesto, en el único lugar donde su prestación no es muy notoria y no te cobran la entrada, mi habitación. Disponiéndome a llevar mi mente al más allá, cerrando mis ojos divise a mi balón favorito de basquetbol moviéndose de un lado al otro, luego comenzó a ir de arriba abajo sin tocar el suelo, era extremadamente extraordinario el miedo que sientes antes de morir. Esto sucedió en las primeras noches de mi larga angustia.

Otra noche, para algunos otro final, para mi otro nuevo comienzo. Dormía plácidamente sintiendo sin más alguien que me observaba, sin pensarlo dos veces abrí mis ojos. Un niño yacía en el lado inferior de mi cama, todo mi cuerpo temblaba, temía morir y no despedirme, temía dejar mi futuro atrás, temía al presente. El ambiente se torno obscuro, la habitación parecía más bien una tumba, la soledad se fundía en mi como un fluido en mi sangre, mis manos sudaban, mi cuerpo temblaba, mi espíritu salía de mi cuerpo. Ese pequeño ser que se encontraba acompañándome todas las noches y que al fin pude verlo era pálido, parecía tener frío, pero esto no le quitaba la ternura que un niño puede tener en su edad sin más saberlo que no es la belleza que tenemos impuesta en la sociedad, es una belleza rara pero que en este sentido no deja de serlo. Cinco noches fueron y el venía a su visita, no sin más movimientos, pero la última la hizo de una manera diferente. Susurros en mis oídos, voces de pequeños riendo y jugueteando, un sonido ligero que se acercó a mi pidiendo ayuda. ¿Pero como yo iba a ayudarlo?, no soy sino la apariencia a quien se le tornaría difícil ser más, negándome a toda posibilidad de acercarme a él y brindarle mi mano. Apareciendo más cerca de mis ojos con su pequeña mano toco mis pies, sentí el frio de la muerte. Después de largas horas y noches de miedo no resistí mas su presencia, dormí en la habitación acompañada de mi madre, todos sabemos que ellas son una gran protección y que en nuestro tonto pensar decimos que a su lado no nos harán daño, será tal vez porque tiene menos pecados que nosotros, lógicamente ella no creía las cosas que le contaba, igual, hasta yo pensaba que estaba loca. Una sombra rodeo mi ventana, ingresando en la habitación era imposible no verla, mi madre despertó apurada, las cosas se cayeron, el vidrio se rompió. Era como una despedida que me separaba de él, no sin antes dejarme en claro que le dolía el corazón porque no encontró la ayuda que buscaba.

martes, 9 de noviembre de 2010

***UN DÍA DE LLUVIA***


 


En la ventana se refleja totalmente mi rostro, envuelto en minutos, segundos y horas; toda mi vida delante de mis ojos, todas las cosas que quiero se van, llegando al comienzo del camino o tal vez no sé si al final.
No tengo idea de que lograre hacer, se han terminado mis ilusiones; en mi mano no queda si no un puñado de llanto y lágrimas, en mi boca llevo palabras que ni siquiera son mías pero lastimosamente tendré que decir, en mi cabeza un montón de ideas locas acerca de Guerras y líderes dementes, que no entiendo porque están allí, pero disfruto imaginándolos con sus conflictos y sus murallas, no botan lagrimas, no sufren, no lloran, no ríen… ¿Por qué yo sí?
Mi cuerpo rodeado de llamas ardientes, que al mismo tiempo se congelan y caen al pozo de los sueños hundido entre mis pies. Me han derrotado, me he derrumbado.
Es largo el camino que queda y sé que será más fuerte para seguir, pero de eso se trata una vida, de ilusiones imperfectas, de mansiones destruidas, de pirámides derrumbadas y tú entre los escombros, tú queriendo seguir; un monstruo pisoteándote y una luz blanca que te mira y te sonríe siendo tu salvación.
Una mariposa negra en el escritorio que me despide apurada. No le atrae mi presencia, igual no le importa, nunca ha llegado a pronunciar palabra alguna que no sea hipocresía y mentira, pero que bate sus alas y esparce colores haciendo que contradiga a mi propio ser. Un espejo debajo del baúl de los recuerdos y los retratos, que mira la nostalgia pero que no pronuncia palabra alguna. Además, cómo le pediría eso a la insensibilidad, más bien finge el bienestar que ni siquiera lograría sentir en tiempo alguno.
Coloco la careta sobre mí, esa que muestra el miedo de todos, esa que supone ser lo que eres delante de otros, aquella que simula lo que sientes dentro pero no alcanzarían los segundos para experimentar aquello que es verdadero, ni siquiera los sabios antiguos la llegaron a descubrir y hoy la muestro ante todos para que nadie sepa lo que se siente la imposibilidad de tener el futuro a dos manos.
La puerta es alegría, contradicción y pensamiento. Y la torpe selva de hierro queda atrás de mi universo que ahora quiero construir. Veo afuera la luz, va caminando y me toma de la mano. La energía del cielo cae encima de mí, esta vez no me destruye, está vez me alza.
Comienza el camino, comienza el renacer de un nuevo mundo. Ladrillo a ladrillo construir la pirámide que destruyó el monstruo. Mágicamente se hace realidad la fantasía incontenible de mi llanto. El camino es largo y tormentoso, caminamos y caminamos juntos, las manos muestran unión y nada más, pero la ayuda es grata, un punto de partida fluye en mi cabeza y vuelve la alegría que se iba.
Llegamos a un pozo, sentados a su orilla, manteniendo el tiempo en el reloj, disfrutando ver las olas. De arriba cae lo más bello, tenemos la posibilidad que hace y deshace un mundo. Es una gota reflejada en el cielo de nuestros pies, que produce dentro de mí la sensación más notable determinada por la gente, , que no es real, que es hecha si tú quieres hacerla, pero no me sucede está ves. No siento nada tan solo la gratificación de haber llegado hasta ese lugar.
La luz quita mi careta e impide la adquisición de pensamientos contrarios a los que debería llevar en mi hombro y la cruz se hace menos pesada. El mundo ya no es mío, mis manos están libres. Es tan fácil vivir el universo entre dos.

martes, 2 de noviembre de 2010

UN GUSTO HACIA EL ARTE

ESCRITO ESTA EN MI ALMA…

Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo
vos sola lo escribiste, yo lo leo,
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.
En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para querernos;
mi alma os ha cortado a la medida;
por hábito del alma misma os quiero.

Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.

Garcilaso de la Vega